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    China y sus mentiras propagandísticas en América Latina

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    Por: Hernán Alberro*

    A evaluar la influencia de un país sobre otro, muchas veces conocida como soft-power,  los  medios de comunicación juegan un rol clave. Los medios, en cualquier sociedad moderna, influyen en la toma de decisiones ciudadanas: desde elegir un candidato que se presenta a elecciones hasta tomar una decisión económica o comprar tal o cual producto. Todas nuestras decisiones se encuentran mediatizadas por la información.  

    Entonces cabe preguntarse, ¿cuánto influye uno de los socios comerciales primarios del continente americano en ese espacio informativo que nutre nuestras decisiones?   

    Para esto comencemos analizando los datos de China Índex, una herramienta desarrollada por la red CITW (China in the World) con impulso de Doublethink Lab. La iniciativa busca monitorear la influencia que tiene China sobre más de ochenta países en todo el mundo. Este estudio evalúa nueve dimensiones diferentes de las cuales resulta interesante en este artículo centrarse en la de medios de comunicación.  

    La dimensión de medios evalúa cómo entidades pertenecientes a la República Popular de China (PRC) influyen sobre el debate público y la cobertura mediática de un país en cuestión.  

    En la dimensión medios, el país latinoamericano más expuesto a la influencia de la RPC es Perú que ocupa el tercer lugar a nivel global en este ranking. Le sigue Chile, en veinte puestos más abajo. Panamá y Venezuela se encuentran en el puesto 27 y Argentina en el 35. El menos expuesto de la región, en términos de influencia mediática, es Paraguay. En Centroamérica el Índex evalúa por ahora solo los casos de Panamá (27), Nicaragua (62) y Costa Rica (40). Cabe aclarar que el estudio tomó hasta marzo de 2022 o sea que solo incluyó pocos meses posteriores a que Nicaragua retomara relaciones diplomáticas con China. La evaluación de este país seguramente cambiará de forma radical en el Índex que se publicará en 20241.  

    Estos resultados surgen de investigaciones realizadas por diferentes relatores y organizaciones de la región que buscan responder a once preguntas en base a evidencias reales. Las preguntas hacen alusión a la presencia de medios chinos en el país, la presencia de reportajes con información poco veraz o si existe presión, censura o persecución a periodistas locales por parte de la RPC.   

    En este artículo me interesa centrarme en el aspecto vinculado a la calidad de la información que llega o se genera en nuestros países y medios de comunicación con relación a China. De nuevo, de la calidad de dicha información se desprenderá la calidad de las decisiones que tome nuestra ciudadanía. Sin embargo, antes de entrar en este tema me gustaría hacer alusión al fenómeno de la desinformación que nos guiará en buena parte del camino.  

    La desinformación es información falsa o engañosa que se difunde de manera intencionada para engañar e intentar manipular las creencias, emociones y opiniones del público en general.  

    Existen siete tipos de desinformación que van de la sátira o parodia, con un nivel bajo de perjuicio, al contenido plenamente fabricado o falso con un impacto alto. Sin ser necesario enumerar los diferentes tipos de desinformación catalogados y rastrear ejemplos ilustrativos, este artículo llama la atención sobre la problemática y advierte a los lectores de intereses ocultos.   

    Durante la pandemia de COVID 19 resultó más evidente que nunca la importancia de contar con información clara, precisa y veraz en decisiones que iban más allá de la política (ámbito más habitual para la proliferación de desinformación). Fue precisamente a partir de esta crisis sanitaria que afectó la reputación del gigante asiático que la RPC dobló sus esfuerzos por controlar el espacio informativo. Para cumplir este objetivo, se desplegó una estrategia que para muchos analistas replica la ya implantada y probada con cierto éxito por la Federación Rusa2.  

    Despliegue de músculo propagandístico  

    Si bien la República Popular China ya contaba con un amplio entramado de medios internacionales públicos como puede ser su agencia Xinhua, CGTN y otros, fue a través de la potenciación de estos medios y de la instalación de nuevas redes de comunicación que China buscó limpiar o ensalzar su imagen en la región.  

    Los medios de comunicación vinculados al gobierno chino se han encargado de amplificar una narrativa que presenta al país y a su gobierno como solidarios, compasivos, colaborativos y demás adjetivos positivos. Esto no debería ser una sorpresa. Sabido es que la República Popular China tiene un régimen autoritario3, en el que no existe la libertad de prensa y toda voz pública en dicho país debe ajustarse a la narrativa impuesta por el Partido Comunista.  

    En un reciente estudio publicado por Global Americans y desarrollado por cuatro prestigiosos centros de pensamiento de la región, quedan claros los esfuerzos informativos de China por mostrarse de forma positiva durante la pandemia. De los 122 titulares analizados en el estudio realizado por CADAL, “la mayoría persigue el propósito de elogiar o legitimar la vacuna china: 35 mencionan expresamente la eficacia y seguridad de las vacunas chinas; 24 se refieren al desarrollo y a ensayos clínicos exitosos; 28 informan sobre la aprobación, comercialización, producción, suministro o distribución de las vacunas; y 11 de ellas exhiben la legitimación de la vacuna china que realizan los medios de comunicación y otros actores extranjeros”4.  

    Aquí, la estrategia de desinformación del régimen chino es la de ocultar intencionalmente ciertos datos que serían necesarios para llegar a las conclusiones presentadas por las notas mencionadas.  

    Ejército de diseminadores  

    Construir noticias con una visión parcial y positiva sobre un país es solo un paso a cumplir si se desea cuidar la imagen reputacional del mismo. Así lo entendieron al parecer en China, ya que a ese esfuerzo sumaron el desarrollo de una vasta red de diseminadores de información.  

    A través del despliegue de diferentes estrategias digitales en redes sociales, la República Popular China se encarga de potenciar esa narrativa más allá de su difusión orgánica. Así quedó demostrado en un estudio de ProPublica y The New York Times sobre los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en los cuales China pretendía dar una imagen absolutamente idílica. “Con bots, cuentas falsas, influencers genuinos y otras herramientas, China fue capaz de editar selectivamente la forma en que se presentaban los hechos, incluso fuera del país, promoviendo todo aquello que potenciara la narrativa halagüeña oficial acerca de los Juegos Olímpicos de Invierno y suavizando aquello que no se ajustara”5.   

    La trascendencia del despliegue global de este ejército de diseminadores es tal que hasta se les ha dado un nombre, “50 Cent Party”, a quienes se les atribuía ya en 2017 el haber sido autores de 488 millones de posteos en redes sociales6. Si bien la gran mayoría no son en español, no es difícil imaginar que esa estrategia también se esté desarrollando en nuestro continente7. En el citado trabajo de Global Americans se hizo una rápida identificación de estos agentes de diseminación y “se reconocieron 184 usuarios que propagan la información de sus medios afiliados [los medios chinos]; mediante presuntos cyborgs (18) localizados en su mayoría (previsiblemente) en: Venezuela, Argentina, Colombia y Uruguay; y usuarios altamente sospechosos de ser bots (3) localizados (previsiblemente) en: Venezuela (2) y México (1).” 

    Embarrar la cancha  

    Aquí es donde el uso de la desinformación por parte del gobierno chino se vuelve más evidente. La estrategia de embarrar la cancha es totalmente complementaria con la de desplegar el músculo propagandístico ya que ambos utilizan el mismo canal. Sin embargo, mientras la estrategia de propaganda va por la positiva, es decir, contar solo lo bueno y no dejar lugar a críticas; esta tercera estrategia va por la negativa: atacar a la competencia, al enemigo, utilizando todos los recursos desinformativos posibles.  

    En este sentido, analizando los medios oficiales chinos, CADAL descubrió que al referirse a las vacunas extranjeras (tanto las occidentales como la rusa Sputnik V) las noticias abundaban en una “retórica negativa al aludir a problemas, efectos secundarios, reacciones adversas, trombosis, reacciones alérgicas, muertes, enfermedades, coágulos, complicaciones, anafilaxis, preocupación, pesimismo, restricciones, revisiones, pausas, suspensiones, demoras, lentitud, atrasos, interrupciones, investigaciones, suministro reducido o eficacia cuestionada”9.  

    Este es uno de los tipos de desinformación según el estudio y hace alusión a la información parcializada. Aquí, la estrategia es contar y marcar solo lo negativo de la competencia o el enemigo mientras que sólo se menciona lo positivo de todo aquellos que esté vinculado al gobierno chino.  

    La inteligencia artificial, los deepfakes y las nuevas amenazas  

    No resulta ninguna novedad que la República Popular China haya desarrollado un gran nivel de avances tecnológicos. Desde los microchips al 5G, pasando por el desarrollo de juegos digitales y plataformas sociales, China es hoy uno de los líderes mundiales en materia tecnológica. Una vez más resulta claro que el régimen liderado por Xi Jinping no duda en utilizar dichos avances para dar una imagen irreal de su país y de los países democráticos, a los que considera una amenaza.  

    Así es que se ha visto que China ya ha empezado a utilizar, aunque algo torpemente, la inteligencia artificial y los deepfakes para amplificar su narrativa. En febrero de este año Graphika, una empresa que estudia la desinformación detectó dos videos generados integralmente con una herramienta de inteligencia artificial. En uno, usando la estrategia de “embarrar la cancha”, un presentador de noticias destaca lo que consideraba “la vergonzosa falta de acción de Estados Unidos contra la violencia armada”. En otro video de la supuesta Wolf News “una presentadora proclamaba el papel de China en las relaciones geopolíticas durante una cumbre internacional”10.   

    De nuevo, se trata de esfuerzos de desinformar en el sentido que la cobertura informativa no tiene nada de periodística, sino que tiene por objetivo diseminar una imagen negativa o positiva de diferentes actores del escenario geopolítico.  

    “Miente, miente que algo quedará” sostenía una frase atribuida al propagandista nazi Josep Goebbels a mediados del siglo XX. Casi un siglo después su nefasta frase se vuelve la punta de lanza de la estrategia propagandística de una de las principales potencias económicas del mundo.  

    *Hernán Alberro es consultor en relaciones internacionales y derechos humanos e integrante de la red “China in the World” (CITW).

    1 China Index. Disponible en: https://china-index.io/ 

    2 Milosevich-Juaristi, Mila “¿Por qué hay que analizar y comprender las campañas de desinformación de China y Rusia sobre el COVID-19?” Real Instituto Elcano, Abril 30, 2020. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/por-que-hay-que-analizar-y-comprender-las-campanas-de-desinformacion-de-china-y-rusia-sobre-el-covid-19/  

    3 Véase Economist Intelligence Unit. “Democracy Index”. Economist Intelligence Unit, 2022.

    4 Medición del impacto de la información falsa, la desinformación y la propaganda en América Latina. Global Americans, Noviembre 2021. Disponible en: https://theglobalamericans.org/wp-content/uploads/2021/11/2021.11.03-Global-Americans_Reporte-Desinformacion.pdf  

    5 “How bots and fake accounts push China’s vision of Winter Olympic Wonderland” Propublica, Febrero 18, 2022 Disponible en: https://www.propublica.org/article/how-bots-and-fake-accounts-push-chinas-vision-of-winter-olympic-wonderland  

    6 King, Gary; Pan, Jennifer; Roberts, Margaret E. (2017). “How the Chinese Government Fabricates Social Media Posts for Strategic Distraction, Not Engaged Argument” (PDF). American Political Science Review. Disponible en: https://gking.harvard.edu/files/gking/files/how_the_chinese_government_fabricates_social_media_posts_for_strategic_distraction_not_engaged_argument.pdf  

    7 Bradshaw, Samantha; Howard, Philip “The Global Disinformation Order: 2019 Global Inventory of Organised Social Media Manipulation” Published as part of the Computational Propaganda Project by the Oxford Internet Institute, University of Oxford, 2019. Disponible en: https://demtech.oii.ox.ac.uk/wp-content/uploads/sites/93/2019/09/CyberTroop-Report19.pdf 

    8 Ob. cit. Global Americans 

    9 Ob. cit. Global Americans 

    10 Satariano, Adam, Mozur, y Paul “Los presentadores de noticias son ficticios, la desinformación es de verdad” The New York Times, Febrero 9, 2023. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2023/02/09/espanol/inteligencia-artificial-deepfake.html 

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